Aun nos pillase un tanto acullá de casa, acostumbraba a ir con mis amigos a un bosque conveniente grande que había cruzando la plétora en donde ahora dejaba de haber urbe y empezaba a haber campo y arboleda. Éramos cuatro los que nos juntábamos, Ernesto el alto, Raúl el gordito ( Pero de verdad estaba…